Por Karina Insinilla y Javiera Morán
Andrea Maturana, escritora que inició sus estudios en Ciencias
Biológicas y luego se dedicó a los estudios del Arte y del Teatro.
Ella ha participado en la colaboración de varias revistas del diario
El Mercurio y luego también se dedicó a la producción de guiones
para la televisión. Sus obras literarias principalmente están
dentro de lo que son cuentos para niños y relatos y novelas cortas.
Se destaca principalmente por la frescura de sus textos y lo
intrigante que es. Hoy nos revelará algunos aspectos de su obra y
vida.
En el
año 1997 publicó su primera novela “El Daño” que es calificada
por muchos como un libro de culto. ¿Qué nos podría contar de esta
novela, que aparte también fue auspiciada por el Fondo Nacional de
Cultura y las Artes?
Bueno, se trata de una historia que nace de un hecho real,
específicamente de los abusos sexuales sufridos por Vinka Jackson,
una persona que conozco muy bien, durante su infancia. Cuenta la
historia de dos amigas, que son Elisa y Gabriela, que viajan por el
desierto. Elisa es una personalidad que es bastante sufrida, a ella
le cuesta mucho verbalizar todos sus problemas, todos sus traumas y
está prácticamente encerrada en su dolor. Por otro lado, Gabriela
es todo lo contrario, a ella le gusta hablar una y otra vez de sus
problemas, le gusta verbalizar lo que le pasó. Ella tuvo una
historia de amor, conflictiva, con un hombre mayor ya casado y le
gusta volver una y otra vez a ese dolor, de alguna forma está
enamorada de su historia y de su sufrimiento.
“El Daño” trata del problema que tienen estas personas con el
tema de expresar algo, la forma como ellas callan se transforma en
todo este dolor que tuvieron en un momento.
¿Qué
rol consideras que cumple o juega la palabra dentro de tu escritura?
Creo que la palabra tiene algo mágico. Por un lado tiene eso de
magia negra y también lo de magia blanca. Lo de magia negra, por
ejemplo, es cuando todos tenemos una vivencia así como suprema,
algo que nos gusta mucho y nos vislumbra, o vemos algo que nos causa
algo especial; entonces al momento de verbalizarlo, al momento de
contárselo a otra persona, como que las palabras desgastan esa
vivencia, como que se disminuye eso especial.
Por otro lado, cuando pasa algo malo que no queremos contar, que
ocultamos por miedo o por vergüenza, nos vamos quedando con esta
sensación de pesadumbre encima que no nos deja tranquilos. Entonces
en el momento en que podamos verbalizarlo, creo que la palabra juega
un rol de liberación que nos sirve porque de alguna forma nos
aliviana.
Entonces, creo que el arma más grande que tenemos dentro de todo es
la palabra.
¿Cómo
plasmas esto en tu obra no decir?
Creo que “No Decir” es de alguna forma un poco también la
historia de Chile, porque nos ha costado mucho hablar ciertas cosas
ocurridas en época de dictadura. Creo que nos refleja, nos refleja
porque no estamos acostumbrados a nombrar las cosas, los hechos, y
creo que mientras tengamos esa herida abierta no vamos a poder
librarnos de todo el dolor. De alguna forma es un secreto que todos
tenemos, un secreto colectivo, y mientras no digamos quiénes fueron
los protagonistas de estos hechos vamos a seguir con esta herida
abierta, con este dolor.
¿Te
sientes vinculada a la literatura femenina?
El hecho de ser mujer me liga mucho más a lo íntimo, creo que mis
escritos van por ese lado, por relacionarme con las personas, no
tanto en lo sociopolítico. Si me gusta mucho hablar de las
relaciones, de lo que le pasa a cada uno individualmente, y creo que
por un lado esta esto del discurso, de la exposición que
definitivamente no es lo mío, en realidad las multitudes no son de
mi agrado. Creo que mi línea va por el otro lado, con una relación
directa con lo íntimo.
¿Ligarías
tu escritura más con lo íntimo o lo relacionarías con otro
aspecto?
Creo que el único compromiso que tengo es un compromiso con la
verdad. Si tengo la facultad o la plataforma para decir algo, lo voy
a hacer. No ligo mi escritura a algo político, algo religioso o a
alguna clase en realidad, sino que creo que mi compromiso va más
con la individualidad, con lo que cada uno siente. Creo que, si uno
es lo suficientemente sensible, puede escribir desde cualquier
aspecto, puede meterse en la cabeza de cualquier persona y escribir
desde allí.
Tú
defines tu relación con la prensa como una relación bastante
“incómoda”. ¿Estás conciente del rol que juegas dentro de la
literatura? ¿Cómo asumes tu rol o tu importancia dentro de ella?
No creo que publicar algo te haga inmediatamente un líder de
opinión. Yo no me veo así en realidad. Creo que sí tengo cosas
que decir. Hay temas que queman en el fondo y que no pueden
permanecer callados, no me gusta esa comodidad. Creo que tengo la
plataforma para hacerlo y si puedo decir esas cosas que se han
mantenido ocultas, las voy a decir.
Recuerdo que por mis primeros escritos me catalogaron de “promesa
literaria” y ese título de “promesa” nunca me gustó porque
en el fondo lo que se hace es generar una expectativa entorno a mí
que en el fondo yo no sé si pueda cumplir. Ese calificativo te
condiciona de cierta forma, y yo le tengo gran cariño a mis obras,
entonces eso me hace sentir que lo que he hecho no ha sido lo
suficientemente bueno. Todo lo que he escrito es todo lo que he
publicado, no tengo obras escondidas, así que todo lo que tengo que
decir está ahí, en las manos de los lectores.
¿Qué
rol de importancia juega para ti la familia?
Para mí la familia es el mayor patrón de unidad. Creo que la
familia es la base que tenemos para desarrollarnos a lo largo de la
vida, es la encargada de enseñarnos a dar y recibir amor o de
frustrarnos para siempre esa posibilidad de relacionarnos con el
afecto. Si tenemos una familia que está dañada por algo, lo más
probable es que nos lleve a generar traumas que nos podrían
acompañar para siempre.
¿Qué
opinión te merece la familia de Michelle Bachelet?
Me gusta
el hecho de que tengamos una mujer al poder. Me gusta.
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