“Si buscan un personaje del Mercado Central, hablen con la tía
Flor”, señalan al unísono un grupo de cargadores, mientras
depositan en la vereda cajones con productos del mar. Esquina
exterior, pescadería, delantal blanco y cerca de setenta años a
cuestas, son las señas para dar con quien, entre pelar y pelar
merluzas, no sólo nos permitió hacernos un vivo retrato de la mujer
porteña de esfuerzo, sino además enterarnos de, entre otras cosas,
qué productos son los preferidos por personalidades como el Ministro
del Interior.
Ud. es bastante popular por estos lados ¿Años de circo o fama
por algo en especial?
“Es que una cosa lleva a la otra. Yo vendo pescados y mariscos
desde hace más de cincuenta años, en los tiempos en que con mi papá
comenzamos aquí cerquita en la Caleta el Membrillo. Por lo mismo,
acá saben que yo tengo carrete en esta pega y eso me ha permitido
ganarme mi espacio, mi “esquinita” que es ésta que ustedes ven y
que les voy a decir que parece poco, pero las esquinas son codiciadas
por los que vendemos en las afueras del mercado”.
¿Como fueron sus primeros años en este trabajo?
“Muy duros, porque la pobreza era grande y no nos quedaba otra
que ponerle el hombro a todos en la familia, desde muy chicos. Yo
trabajo desde los 10, y desde los 16 que estoy en esta pega, que
desde un comienzo compartí con mis seis hermanos, aunque soy la
última de la familia que va quedando en el negocio. Aparte les voy a
decir que, por otro lado, lo bueno de esos años es que había pega
para el que no le tenía miedo al esfuerzo, no como ahora que para
los “cabros” la cosa está más difícil”.
Y en cuanto al negocio ¿ha cambiado mucho la cosa en estos años?
“Harto les voy a decir, ¿y sabe por qué?, porque hoy en día
las ventas son dificilonas y una “se salva” sólo por lo que
hablábamos recién, o sea, porque es conocida y tiene su clientela
formada. Antes vendíamos veinte docenas de pescado en la mañana y
treinta en la tarde; ahora estamos vendiendo cinco no más. Así que
acá no se puede bajar la guardia, e incluso cuando una anda “medio
deprimida” los clientes lo notan al tiro; y si bien algunos son
comprensivos, una no puede estar toda la mañana contando sus penas”.
¿A qué se debe cree ud. esta baja en las ventas: la gente come
menos pescados o hay menos producto disponible?
“¡Mucho menos disponible! Porque la pesca de arrastre “tiene
la crema” y entonces hay poco producto, y el que hay está más
caro o hay que traerlo de otra parte. De hecho, esas reinetas que ven
ahí son de Lebu, porque acá los botes con suerte siguen “salvando”
con algo de merluza, que es lejos lo que la gente más lleva. Además,
los supermercados nos han perjudicado porque venden con dinero
plástico”.
Su puesto de ventas está en la calle ¿no ha tenido problemas por
eso con las autoridades?
“Aquí no pagamos nada, trabajamos con la venia del alcalde y
de las autoridades que son los carabineros; y aunque de repente ellos
nos molestan con “que el permiso, que esto, que lo otro”, siempre
hay un alma caritativa, o sea un carabinero bueno. Yo digo que si
bien es cierto estamos infringiendo una ley, es una ley municipal no
más; no es delito trabajar, no es delito querer, como yo y mucha
gente que trabaja aquí, “arreglárselas”, porque nosotros no
tenemos otra entrada. Igual a mí, mi nombre me salva: le dicen a los
carabineros “no molesti’ a la agüela Flor”.
¿Y no ha pensado asociarse para postular a fondos del Estado y
mejorar el negocio?
Nosotros tenemos sindicato, hace años. Como yo digo, “la unidad
hace la fuerza”, y aunque no todos los compañeros de pega están
de acuerdo, ahora vamos a tener unos carritos por un proyecto del
Fosis. En esto nos está ayudando “Carlitos” Pérez, jefe de Paz
Ciudadana y que era capitán de Carabineros antes, y a quien yo
quisiera agradecer porque es una buena persona y nos está haciendo
el proyecto para los carritos, porque sabe que nosotros estamos
dentro del patrimonio de la ciudad ya que somos característicos del
Mercado Central”.
Ud. dijo que tiene su clientela formada ¿hay algún conocido para
la gente?
“Hay varios, y muy antiguos también. Con decirles que hace poco
un niño que vive en Noruega vino de visita unos días a Chile y le
pidió a su papá que lo llevara “donde la tía Flor”, porque yo
le vendo a su familia hace más de 40 años. Ahora, de famosos así
bien conocidos, les puedo contar que el Ministro del Interior, don
Edmundo (Perez-Yoma) cuando anda por acá viene a comprar o manda a
alguien”.
¿Y el ministro Yoma tiene preferencia por algun producto? mire
que por ahí nos han contado que los políticos son buenos pa las
“cabezas de pescado”
“Ja, ja, ja. Bueno, lo que más lleva son reinetas, y camarones
en lo que es mariscos, que como ustedes pueden ver, son los más
grandes y bonitos de por acá. Dense una vueltecita si quieren y lo
comprueban”.
Ok. Y ahora hablando del futuro: ¿cuál es el sueño que le
gustaría cumplir?
“Después de trabajar tanto tiempo, mi sueño es tan sencillo
como difícil, y no sólo para mí sino para muchas personas de mi
edad que venden en la calle: simplemente deseo poder descansar, que
llegue el día en que no sea necesario estar desde la madrugada, con
sol o lluvia, acá afuera del Mercado. Al menos en mi caso, el año
pasado me salió la pensión que da el gobierno y eso ha ayudado
harto, pero acá son muchos los que no tienen ni siquiera eso”.
Para finalizar, ya que estamos cerca de la hora de almuerzo y
somos estudiantes ¿nos daría alguna receta con sus productos sea
buena, bonita y barata?
“Bueno, tengo una que no falla y que también les dará energía
para los estudios: el ceviche de reineta. Ojo sí, que les voy a dar
un dato que no muchos manejan, porque la gente cree que hay que
ahogar la reineta en limón y nada que ver, pues la cosa es con
poquito limón, no más de dos, y la gracia es que se prepare
separando el caldo medio lechoso que tira en la cocción; esto porque
les recomiendo que el cebiche lo hagan cocido, y si lo hacen como les
digo ¡queda de miedo! Eso sí, sin nada de cebolla y con ajito y
cilantro no más”.